Eran las 8:30, cuando un señor mayor, de unos 80 años, llegó al hospital para que le quitaran unos puntos de la mano. Me dijo que estaba apurado porque tenía una cita a las 9.
Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderle. Lo vi mirando su reloj y en un hueco entre paciente y paciente decidí que podría examinar su herida. Comprobé que estaba curado y pasé a quitarle las suturas. [...]
http://exopus.wordpress.com/2010/02/01/el-amor-verdadero/
